Comparto un mensaje de nuestra amiga María Cecilia Colombiani
Amigos míos
Comparto un mensaje de nuestra amiga María Cecilia Colombiani
Amigos míos
Frases de Jorge
Luis Borges para el 9 de Julio
Con comentarios de Rosendo Fraga
“Nadie es la patria pero todos lo somos”
En un poema escrito hace 54 años. La Patria tiene que ver con el
arraigo, la tierra de los padres, ya sea por nacimiento o adaptación. Es algo
que se vive, pero que a la vez se lleva dentro. El mencionado poema de Borges
se llama Oda escrita en 1966 e integra el volumen El
otro. Se adelantó dos años al escribir en homenaje al Sesquicentenario de
la Independencia.
En dos
oportunidades comienza afirmando esto de nuevo y entre otros conceptos dice:
“Nadie es la patria. Ni siquiera el
tiempo cargado de batallas, de espadas y de éxodos”.
Más adelante
agrega:
”La patria, amigos, es un acto
perpetuo como el perpetuo mundo”.
Pero tras hacer
referencia a quienes declararon la Independencia en circunstancias por demás
difíciles para la emancipación americana, finaliza diciendo:
“Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos; nuestro deber es la gloriosa carga que a
nuestra sombra legan estas sombras que debemos salvar. Nadie es la patria pero
todos lo somos”.
[…]
Creo que los hábitos
patrióticos comienzan por el servicio a los demás, la preocupación por la
comunidad, el valor de la solidaridad y el interés por lo colectivo.
Pero también, el patriotismo debe ser alimentado por el cultivo de
ciertas manifestaciones y el cuidado y transmisión de tradiciones.
El no patriotismo tiene que ver con el egoísmo
social, con la subestimación de lo propio, la negación de la historia y la
tradición.
Y Borges, que combinaba una particular simbiosis de la universalidad de
su cultura con el amor por sus raíces, al recordar nuestra Independencia, nos
dice que debemos
”Ser dignos del antiguo juramento que prestaron aquellos caballeros de
ser lo que ignoraban, argentinos, de ser lo que serían por el hecho de haber
jurado en esa vieja casa”.
Desde la perspectiva del presente, la negación a la evocación
patriótica, es desperdiciar la oportunidad para que la sociedad argentina se
reencuentre, reflexione sobre sí misma y mire hacia el futuro sin divisiones ni
resentimientos, debiendo tener el patriotismo, la misma vigencia que en el
pasado.
[…]
La Declaración de la Independencia fue votada por unanimidad en el
Congreso de Tucumán.
En momentos que en Argentina la llamada “grieta” parece profundizarse, es un desperdicio –como sucedió el Bicentenario en Rosario de la muerte de Belgrano en Rosario– no convocar a la unidad nacional, algo que quizás el Presidente esté a tiempo de corregir.
Rosendo Fraga
* Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
https://www.infobae.com/opinion/2020/07/09/el-9-de-julio-en-la-poesia-de-borges
Stasis
Una vez Señora
frente al mar, tuve ráfagas de
inmortalidad,
quería
que todo comenzara de nuevo.
Otra
cosa distinta, cualquier cosa,
la
eternidad entonces recorría mis huesos
Con
el oído en la roca las olas me golpeaban,
me
aferraba a ella mordiendo su sal.
Quería
que el hombre comenzara de nuevo
lastimaba
mi lengua y solo conseguía
que
la sangre
se la
llevase el agua.
Tiembla la espiga
Tiembla la espiga.
La luna mancha el puente
Que mañana cruzaremos
y la ciudad sitiada
titila en mis ojos
Hace frio y temo quedarme dormido
¿La vida es sueño?
El poeta cantó entonces, una balada:
Nadie me ha convocado por el nombre.
He llegado a este puesto por la rotación de la vida.
Hay temporada para salir en guerra.
Acaso todo el año para estar en primera línea
y es tan amplio el frente que cada soldado está solo en
lo suyo.
¿Sangrarán mis manos?
¿Verterán de mí, o de la yugular del enemigo?
¿Sabré matar por el rostro de mis palabras?
¿Encontraré antes el rostro que mis palabras elijan?
Llegará el día cálido de elogios, de promesas de gloria.
Sin embargo, no sabré,
ni en los susurros
femeninos más calientes,
ni en sus detalles mas íntimos.
qué hacer con la victoria
La tristeza
del poeta se detuvo
¿Qué pasa?
¿Por qué no avanzamos?
El poeta
miraba fijamente el trigal.
Las venas
azules le estallaban en las manos.
Como si
hiciera un gran esfuerzo por sostener el arma
Miraba el trigal,
¿Alguien puede ocultarse detrás de ese amarillo Van Gogh?
-Vamos, gritó alguien,
Caló la
bayoneta punzando el cielo.
El arroyo espera la sangre.
La piedras me ofrecerán su respaldo
¡Dios! si hay un enemigo allá
En mi marcha veloz,
¿Abrirá mi bayoneta, ojos de una hermosura indescifrable?
¿aplastaré anteojos de indescriptibles colores?
Dejo heridos abandonados a su suerte.
Y las hormigas se desprenderán hacia otra naturaleza.
Y la artillería hará saltar a los científicos hacia sus propias especulaciones.
Habrá otra batalla
después de la definitiva.
Otra vida cuando ocupemos a la ciudad.
Otro señor que nos mande.
Otra biografía.
Una razón del fuego que prefiero ignorar.
La razón de mi cuerpo y de mi alma.
¿Cómo entrar en la ciudad como quien siembra el terror
en un poblado feliz?
¿Cómo dejar caer una gota de sangre entre dos enamorados.?
Debo elegir otro modo de morir.
Me detengo ante una mujer apretujada en un rincón,
muerta de miedo.
Y le diré: mujer
no llores, levántate.
Y ella me ofrecerá vino en jarra romana.
¿Dónde vives mujer?
Alrededor de la ciudad sitiada
¿Y qué quieres?
Sangre de cuervos. Mi marido lo tengo encerrado en una
cochería.
Necesito regresarlo y ponerlo bajo los alcauciles.
Tranquila, mañana con el bombardeo,
los cuervos
recuperaran su vuelo
y su grandeza
y tu marido regresará por los aires
-Dios te oiga, joven poeta.
Titila la
lumbre de una ciudad ya ocupada en sus ojos.
Nunca sabrá
qué hacer con la victoria
Yo solo me
hermano, piensa,
con el que sabe
saberse
sitiado.
Y en la bolsa
de hule que reservaba para su cadáver guardará los escritos.
Saldrá al
patio a fumar
Observará juguetes dispersos
que dibujan
vagamente su pasado,
y el sol dará
en un cristal lejano.
en el que apenas repara.
Como si un padre
lo tuviese en la mira.
A Mayo
(1841-
fragmento)
Triunfos
y glorias en la lira mía
deben
hoy resonar. Cese el gemido
que
entorno al polvo del campeón caído
lanzara
el alma en pavoroso día.
Vengan
hoy a mis cien palmas verdosas
porque
el mustio crespón que anuncia llanto
nubla
la mente que levanta el canto
al
nivel de victorias portentosas.
¡Palma
a mi sien! Mas palma entrelazada
con
albas cintas en azul teñidas
colores
que a la vez son bien queridas
del
cielo hermoso y de la patria amada.
Palma
a mi sien, recogimiento a mi alma
sublime
majestad a la voz mía
dad
¡oh mi Dios! dispensador del día
como
dais tempestades y dais calma.
Todo
es tuyo, Señor, en mi creencia:
prodigios
de los hombres y conquistas,
creaciones
de vates y de artistas,
son
obra tuya, no de humana ciencia.
Jamás
alcé mi pensamiento al cielo
a
contemplar las luces de tu gloria,
sin
tenerte, Señor, en la memoria,
y
sin mirar compadecido al suelo.
Y
cuando pude comprender un día
lo
que hicieron los próceres de Mayo,
ya
comprendí también que ardiente rayo
de
tu luz divinal les dirigía
Juan María
Gutiérrez
Angustias de un historiador
Ivo Kravic
En sus inicios recuerda que, cuando joven, su modo de imaginar una clarinada llamando de degüello le inició en esa extraña “carrera”, la historia. Pues bien, ahora respira hondo, está entre documentos, y se remite a la letra. Sin embargo, saltea sus espacios abismales o esas manchas de tinta temblorosas, de duda o de incertidumbre de quien escribiera por esos tiempos. La letra es, para él, lo que obviamente se infiere de los reconocidos actos del occiso. Al dar vuelta el folio sabe que va a encontrarse con una mano en la chaqueta y la otra detrás. ¿Cuál de las dos manos es más importante? ¿Hay alguna otra certidumbre más allá de la costumbre de ser perpetuado? Quizás ni el occiso mismo lo sabía. Se sabe que fue apto para cruzar montañas, dadivoso en colocar piedras escolares, sangriento como el demonio en afilar un sable a molejón de barbero, lúcido por la oscuridad de la mano en la que atesorar la pluma, con una bandera tironeándose del alma para jurarla en una barranca inhóspita, o viendo al mar por última vez con una copa de veneno, la definitiva.
Nunca (y deja a un costado la lupa) estertor por el cansancio del corazón, nunca sabrá por qué la calma precede a la tempestad, esa que trajo de aquel lado del mar y se quedó con nosotros. Y aunque algún día se muere la materia, la de historia (tiembla con solo pensar por dónde irá el espíritu) no tendrá nunca palabras de agonía porque la muerte del occiso nunca le ha pertenecido.
El occiso, cualquiera de ellos, se llevó sus montañas, recuperó los dientes que le habían sido robados y que fueron a parar a un escritorio, el retazo de cielo a dos colores, el desierto de los pueblos con sus cabezas cortadas y todo lo que sigue es como la brisa que mueve los cortinados, mueve las persianas, todo está ya en el museo donde el occiso es contemporáneo de su cadáver.
Los bichitos despotrican por un poco de tinta, esas manchas sugestivas, tensas salpicaduras del alma, recuerdos de la ilustración, de lo romántico y tantas cosas, incluso lo que falta.
El paisaje del rostro del occiso se cuartea como las salinas que se cabalgaron, y cuánto; los ojos se han fijado en marcos maravillosos y el silencio de los pasos es el sepulcro de nuestras violencias originales (diría, del occiso).
¿Dónde la civilización y dónde la barbarie? ¿Qué hay de sincero en estas reflexiones? Porque son quizás el eco de lo indocumentado, piensa el ayudante del hombre de la lupa, que es un muchacho joven, un estudiante y que sabe algo de poesía. Se ha separado un poco de su maestro para verlo mejor, tal como es en el centro de la sala. Aquí están todos los ejemplos, parece decir su maestro, todo lo que ha ocurrido en estas últimas decenas de años, son copias degeneradas, ni Perón, ni Menem, ni Videla, ni Yrigoyen, todo eso es del último banco, refracción de espejo manchado, intento fallido de antigüedad; estas hordas no se parecen a aquellas; por ciertas consideraciones éstas yacen arruinadas por la voluntad de conocimiento, piensa que piensa el maestro, o quizás es él el que lo piensa.
Profesor (a ambos los distancia una vitrina con el traje y charreteras que fueron del occiso) profesor, ¿qué piensa Usted del final de la historia? No sabe si mirar la charretera o al estudiante; elije una tercera opción: va al baño a refrescarse un poco el rostro. ¿Cómo que ha finalizado? Y yo con las manos vacías ¿estaré en algún punto de una gloria privada? Y el espejo parece responder “Hijo bobo, transido de dolor y de conocimiento, siempre serás el que viene después. Has hecho del infinito una travesura o de la travesura un infinito. Qué simpática será la nada cuando diga su no”.
Se ríe de su ocurrencia metafísica, se descaspa los hombros sin charreteras, escobitas del incómodo y se alegra por este próximo fin de semana, cuando reúna a sus amigos y le place una frase de su cuño que hará reír a todos, singularmente de tinte post-saavedrista: “Hago tanto asado con tan poco fuego”.
Poema Ivo Kravic
Amor despierta
Amor
despierta.
La lluvia
es de los muertos.
Bendice
las promesas postergadas.
La gota
como un reloj
golpeando en
el vidrio.
El tiempo
acicalado.
Aconteceres
y olvido.
Y es la
lluvia que nos abre los ojos,
y la boca
y el vino.
Hay una
sola lluvia,
la que
bendice
el rostro
del cosmos
sumergido.
Rostros y
lluvia pasarán,
la tierra
y el aroma de la madera
en el
rostro.
Amor, despierta.
La lluvia
bendice los muertos.
Inmóviles
cantan lo que
nunca debió
haber ocurrido.
Hay algo
extraño que la lluvia bendice.
Lo poco
que bajo el cielo
pudo haber
sucedido.
Como estar
preparado
por no
haber nacido.