En vísperas de los Carnavales 2025, comparto este fragmento de Eugenio Trías, que reflexiona a partir de una frase inigualable de Nietzsche.sobre la necesidad de la máscara. Espero que les motive a pensar algo distintos en estos días feriados.
Ivo Kravic
*
“Todo lo que es profundo ama el disfraz… Todo espíritu profundo tiene necesidad de una máscara” (Nietzsche)
Han
pasado los años y el mensaje de Zarathustra no ha sido oído […] Actualmente se
comienza a sospechar que en esa sistemática voluntad nietzscheana por desmentirse,
debe hallarse su coherencia suprema. Asimismo, se empieza a entender la necesidad
del uso del aforismo como concreción lingüística de un estado pulsional. Por último,
se ha descubierto la “clave” de ese texto escandaloso en las fisuras, en los
hiatos, en esos espacios en blanco que separan un aforismo de otro. […]
Si hoy día Nietzsche vuelve a situarse en primer plano de las preocupaciones filosóficas no se debe simplemente a una moda y mucho menos al retorno de un “irracionalismo” cuyo carácter fantasmal señalamos en otra ocasión. La razón de este retorno es sencilla. La filosofía, en efecto, constituye de siempre una reflexión tardía y crepuscular que “eleva la vida a concepto”. Si actualmente la filosofía recupera a Nietzsche, ello es debido a que vitalmente empezamos a ser, sin saberlo, nietzscheanos.
Pues comenzamos a entender que esa pretendida “unidad de la persona humana”, esa unidad asegurada por un alma bella y hasta inmortal, o por un yo-fetiche o por una supuesta conciencia se desvanece. Comenzamos a comprender que la “identidad personal” es un mito, probablemente burgués, en cualquier caso occidental. Que ese mito se halla asegurado por un bautismo y el consiguiente cobro de un “nombre propio”. […]
Pero detrás de ese carnet ¿qué hay? ¿Qué es eso que llamamos “hombre” sino un paquete de papeles o máscaras (roll-set lo llaman los sociólogos americanos)? Y la conciencia ¿no es la ilusión de una identidad que no tiene fondo, el apego febril a una máscara y un papel? Se ignora que detrás de las máscaras no hay nada –quizá un rostro sin ojos, sin lengua, sin expresión-. […]
Pero
yo ya no soy yo, soy ese que se escapa de continuo de si mismo, ese que no se
detiene jamás, ese que viaja de continuo, que se disfraza una y otra vez hasta
el infinito. […] En ese aforismo, separado por un hiato del siguiente, de ese “otro
yo” que desfila detrás de él, de esa otra máscara o disfraz que prolonga el Carnaval
hasta el infinito.
Y si la filosofía actual comienza a tomarse en serio ese Carnaval, es que vitalmente comienza a anunciarse ese “anti-sistema” que no hace mucho señalaba Pi del Güell […] Zafarnos de esos proyectos “eternos” o “de por vida” que ahogan el Carnaval en otro Carnaval, en un Carnaval invertido que ignora el “travestis” en que se funda.
* Eugenio Trías, Filosofía y Carnaval y otros textos fines, Bs, As., Anagrama, 1973, pp. 77-87, fragmentos.